
Es algo inherente de la esencia humana;
cual pesada carga vivir añorando,
a ese extraño ser de mágicos talentos,
en quien transformamos siempre a nuestro ser amado.
¿Castigo divino? ¿O una eterna culpa?
Mi mente vencida ignora la causa;
aquella que explique que mi dulce musa
flagele hoy mi alma con saña y sin pausa.
Mi mente maldice, te escupe y te odia,
tus recuerdos matan cual letal veneno;
anhelo arrancarme de un tajo tus huellas,
mas inocente y tonto mi corazón pone freno.
Me irrita que ahora muestre tal torpeza,
si claro recuerda: Lo hirió como nadie.
Le explico que borre esa imagen perfecta,
y no puedo evitar que la extrañe y la ame.

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